Francisco Sagasti: “Para votar, uno puede preguntarse: ¿De cuál candidato puedo defenderme mejor?”

Francisco Sagasti tiene 40 minutos exactos para esta charla. Luego vendrán a buscarlo unos corresponsales extranjeros y por la noche se enlazará con una cadena estadounidense. Su agenda de medios parece la de un candidato. Es la extraña circunstancia de ser el único expresidente sin acusaciones pendientes. Eso le da libertad para dar sus puntos de vista sobre la extenuante campaña electoral en la que hemos estado metidos todos los peruanos.

¿Qué cambia en una persona que asume la responsabilidad tan grande de dirigir a un país?

Una persona consciente del sentido del cargo tiene que tomar conciencia de su enorme responsabilidad. Es la última instancia. En cualquier otro cargo, siempre puede voltear la cabeza y preguntar al que está detrás o al que está encima. Cuando se llega a la presidencia, uno es la última instancia. Voltea la cabeza y no hay nadie detrás.

Usted da clases de gobernanza y gestión, que no es otra cosa que saber gobernar, ¿qué necesita una persona para ser un buen gobernante?

Yo diría que una persona con capacidad de gobernar necesita una serie de cualidades que respondan a las situaciones del momento. Y tiene que tomar conciencia de que hay tres factores o fuentes de influencia que van a determinar su comportamiento en cada una de las situaciones que encuentre: la mentalidad, las ideas con las que aprecia el mundo que lo rodea; la evidencia, los datos e información con los que cuenta; y, finalmente, el carácter, los valores de esa persona. En resumen, un gobernante tiene que aspirar a desarrollar sus capacidades en estos tres campos y ser consciente de sus deficiencias. Debe trabajar en equipo, asesorarse y conocer sus debilidades.

Ahora, sin entrar en detalle, los dos candidatos que pasaron a la segunda vuelta no llegan al 30% de votos emitidos, vale decir que el 70% de electores no los quiso como presidentes. Gane quien gane, su gestión será motivo de recelo permanente. ¿Cómo se genera confianza en esa situación?

En primer lugar, uno tiene que ser consciente de que quien llegue al gobierno no representa a la mayoría. No es un representante, como debería ser un mandatario, de la gran mayoría de peruanos. Y, sea quien sea que gane, tiene que abrirse, tiene que buscar consensos. Y ninguno de los dos candidatos que han pasado a segunda vuelta, cuando uno mira su trayectoria, da confianza de que van a tener esa actitud abierta, de gobernar para todos y de evitar la polarización.

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En su libro Incertidumbre escribió que hay dos herramientas para que un líder político pueda generar confianza. Una es la moderación, la otra es la capacidad de síntesis. Ahora, ¿cómo se puede usar la moderación sin que se piense que el líder es débil, que va a aceptar todo lo que se le pida?

Mire, por eso hablo en el libro de una moderación radical. La moderación no significa ser un blandengue, significa plantarse firmemente en una actitud de rechazar extremos. Y aquellos que dicen que uno es tibio, yo les digo: No, señor. Uno puede ser radicalmente moderado, rechazar los extremos, rechazar la corrupción, rechazar la violación de derechos humanos y escuchar a todos. Y a partir de escuchar a todos, podemos buscar un camino que sea parcialmente y temporalmente aceptable a un número significativo de peruanos. ¿Qué quiero decir con eso? El acuerdo total es una quimera. No vamos a estar todos de acuerdo. Pero lo que sí podemos hacer, si usted y yo estamos en desacuerdo, es decir: “Suspendamos este desacuerdo por un momento. Hay dos o tres aspectos puntuales en los cuales usted y yo podemos avanzar”.

¿Pasó eso en el gobierno de transición?

Eso fue lo que hicimos. Aunque sea con los que más nos rechazaban. Al escuchar, uno se da cuenta de que incluso aquellos que te rechazan tienen algunos argumentos de razón, algunos argumentos que es necesario tomar en cuenta. Es decir, uno no es inocente. Uno no llega al Palacio de Gobierno porque es un genio que sabe todo, conoce todo. Uno tiene que tener un lado, y ahí viene la moderación, la modestia, el no creerse la divina pomada.

¿Y cuándo un líder debe decir no, hasta acá nomás?

Cuando se trata de violar los derechos humanos, el derecho a la vida, el derecho a la opinión. Para mí, lo más grave es que hemos tenido situaciones en las cuales se han minimizado las muertes de otras personas por efecto, ya sea de uno o de otro grupo. Para mí, como dice la Constitución, la vida humana es lo principal.

Ahora, usted mismo ha tenido que aplicar la moderación. Cuando estuvo en Palacio recibió muchos ataques y tuvo que quedarse callado. Y eso debió ser difícil porque usted cuenta en su último libro que no cree en el concepto del Evangelio de San Lucas que dice que hay que poner la otra mejilla.

(Se ríe) No, no. Lo que creo es lo siguiente, que me dijo un querido amigo. Si te dan una bofetada, según el Evangelio de San Lucas, uno debe poner la otra mejilla. Pero si te dan una segunda o tercera bofetada, sobre eso no hay nada escrito. Lo que quiero decir es que uno da confianza a otras personas y, si te decepcionan una vez, perfecto, hay una segunda oportunidad. Y cuando he visto a personajes políticos que han persistido en ataques totalmente espurios, con mentiras, distorsionando la realidad, lo han hecho una vez, pero no dos veces.

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¿Cuál ha sido el hecho político que le ha parecido más desagradable en esta campaña?

Mire, en realidad toda la campaña. Hemos tenido una campaña de descalificaciones e insultos, con pocas propuestas. Solo al final se han discutido propuestas. Además, es una campaña, en primer lugar, insólita, con treinta y tantos candidatos, ha sido absolutamente imposible poder hacer un seguimiento adecuado de todos ellos. Y eso es producto de un conjunto de leyes y normas electorales que pasó este Congreso, que está a punto de terminar. Entonces, lo que hemos visto ha sido un proceso electoral en descalabro. No se le ha permitido a la ciudadanía una elección clara y limpia entre opciones razonadas y explicadas.

El Perú debe ser el único país que en medio de una crisis institucional va a inaugurar una nueva etapa con un congreso bicameral. ¿Usted qué espera de este congreso?

Bueno, veamos el origen de este Congreso bicameral. Esto ha sido una constituyente clandestina. Es decir, nos cambiaron 60 artículos de la Constitución entre gallos y medianoche, sin discusión, a veces por insistencia, a las 2 o 3 de la mañana, sin consulta al pueblo. Entonces, no me vengan con que quieren hacer una nueva Constitución. ¡Ya la hicieron! Y todo es de lo más alambicado, improvisado, algunas normas tienen una intención política muy clara. Yo creo que una de las cosas que va a tener que hacer el nuevo Congreso, si es responsable, es revisar todas estas modificaciones constitucionales que, por ejemplo, destruyen el equilibrio de poderes.

Va a ser complicado. Los senadores tendrían que aceptar quitarse el poder que ya tienen.

Por supuesto.

Pero no van a querer.

Bueno, querer o no querer, eso es lo que deberían hacer. Yo confío en que tengamos suficientes personas con un criterio claro y justo de entender que parte de superar los errores es ceder algunos espacios. Y, en este caso, no se trata de ceder un derecho adquirido a lo largo del tiempo y ejercido allí, no. Se trata simplemente de restaurar una de las características centrales de la democracia: el equilibrio de poderes. Eso es lo primero que habría que hacer.

¿Cuál será el mayor desafío del próximo presidente?

El mayor desafío del próximo presidente va a ser cómo ejercer el poder y la autoridad política de manera razonable en un Estado totalmente deteriorado. Ya hemos hablado sobre el Congreso y la falta de equilibrio de poderes. En segundo lugar, el aparato del sector público ha sido desmantelado durante los últimos cinco años. En este momento, el Ministerio de Salud, el Ministerio de Educación, el Ministerio del Interior, hasta el Ministerio de Economía y Finanzas han perdido sus cuadros más calificados. Para poder ordenar, quien venga, no sólo va a tener que enfrentarse a lo que sucede en el Congreso, sino va a tener que reconstituir el aparato público como condición previa para luchar contra el crimen organizado, para mejorar los servicios de salud y educación, para mantener el equilibrio económico y, entre otras cosas, para manejar una situación en que tenemos una presión tributaria bajísima, la penúltima creo en América Latina

¿Por qué no se involucró más en la campaña del Partido Morado?

Yo creo que los expresidentes de nuestro país no han sabido mantener la dignidad del cargo. Y tomar partido, a pesar de que he contribuido y he hecho campaña de manera modesta, no me parecía, no me parecía hacerlo de una manera estridente. Mucho más importante me parece hacer lo que estoy haciendo con usted ahora: Dar ideas y planteamientos generales.

Juan de la Puente dice que usted fue: “El único presidente elegido por sus enemigos políticos”. ¿Está de acuerdo con ese concepto?

(Se ríe) Sí y no. Yo no lo sabía, pero cuando uno llega a la presidencia tiene acceso a cierta información. Y de lo que me enteré es que, a la hora de votar por presidente del Congreso, y por ende presidente de la República, algunos de mis adversarios dijeron: Bueno, nombremos a Sagasti, él es un académico, no sabe de política. A la semana renuncia y luego volvemos nosotros. Lo que creo es que los defraudé.

Le agradezco mucho por la charla.

Ahora, muchas veces me han preguntado cómo decidir por quién votar en esta vuelta, quizá pueda resumirle algo.

Qué tema difícil. Dígame.

Yo creo que cada uno de nosotros debe hacerse una serie de preguntas. Pero, en primer lugar, debemos averiguar los antecedentes de los candidatos, qué es lo que han hecho. En segundo lugar, buscar sus propuestas. Y, a partir de allí, hacer cuatro preguntas. La primera es: ¿Cuál candidato es mejor? Si los dos le parecen iguales, pasar a la segunda pregunta: ¿Cuál es el menos malo? Si la respuesta es que son iguales, pasar a la tercera pregunta: ¿Cuál es el menor peor? Si la respuesta es que por allí van, pasar a la cuarta: ¿De cuál candidato puedo defenderme mejor si es que llega a pasar algo? Con eso podremos tomar una decisión.

Fuente: larepublica.pe

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