Gobernar el futuro

El próximo 28 de julio no solo asumirá un nuevo gobierno. Será una oportunidad para recuperar una convicción que el Perú parece haber olvidado: los grandes cambios no se construyen en una legislatura ni al ritmo de las encuestas, sino con decisiones sostenidas en el tiempo.

Durante la última década hemos vivido reaccionando a la urgencia. Una crisis ha reemplazado a otra y las prioridades han cambiado al ritmo del conflicto político. Mientras tanto, el mundo ha seguido avanzando. La competitividad depende cada vez menos de los recursos naturales y cada vez más de la capacidad para desarrollar talento, generar conocimiento e innovar.

Ese es el verdadero desafío del próximo gobierno: administrar mejor el presente y preparar al Perú para el futuro.

Para lograrlo, será indispensable reconstruir la confianza en las instituciones y en la política como espacio para construir acuerdos. También será necesario modernizar el Estado para que deje de ser un obstáculo y se convierta en un aliado del desarrollo: un Estado que atraiga talento, simplifique procesos, tome decisiones basadas en evidencia y responda con eficacia.

Con frecuencia discutimos cuáles serán las medidas económicas que impulsarán el crecimiento. Con mucha menos frecuencia nos preguntamos cuál es la decisión que hará posible ese crecimiento dentro de diez o veinte años.

La respuesta comienza en la educación. La próxima gran reforma económica del Perú no empieza en el Ministerio de Economía; empieza en las aulas.

La evidencia es contundente: ningún país ha logrado sostener su desarrollo sin invertir de manera consistente en el talento de su gente. La educación no es un gasto social; es la inversión económica más rentable y la política pública con mayor capacidad para aumentar la productividad, reducir la pobreza y ampliar las oportunidades.

Pero hablar hoy de educación va mucho más allá de las escuelas. Empieza antes del primer día de clases: en una gestación saludable, una buena nutrición y una primera infancia protegida. Continúa con docentes bien preparados, aprendizajes de calidad y competencias para un mundo transformado por la tecnología. Y se consolida cuando el lugar donde nace un niño deja de determinar las oportunidades que tendrá en la vida.

Si el próximo gobierno tuviera que elegir una reforma capaz de transformar el Perú en las próximas décadas, debería apostar por la educación. No porque resuelva todos los problemas de inmediato, sino porque es la política pública que fortalece simultáneamente la productividad, la innovación, la cohesión social y la igualdad de oportunidades. Las demás reformas son indispensables; la educación es la que las hace sostenibles.

Después de una década marcada por la supervivencia política, ha llegado el momento de volver a gobernar estratégicamente. El legado del próximo gobierno no se medirá por la cantidad de crisis que logre contener, sino por su capacidad para fortalecer las instituciones, desarrollar el capital humano e impulsar reformas que hagan posible un crecimiento sostenible, inclusivo y resiliente.

*El Comercio abre sus páginas al intercambio de ideas y reflexiones. En este marco plural, el Diario no necesariamente coincide con las opiniones de los articulistas que las firman, aunque siempre las respeta.

Fuente: elcomercio.pe

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