A finales de los noventa, los ecólogos Daniel Janzen y Winnie Hallwachs pactaron con la firma Del Oro la descarga de 12.000 toneladas de desechos cítricos en pastizales del Área de Conservación Guanacaste, Costa Rica. Esta iniciativa de restauración ecológica, respaldada por la Universidad de Princeton y la revista Restoration Ecology, reutilizó pulpa y cáscaras para regenerar suelos degradados.
Sin embargo, una querella planteada por la rival TicoFruit provocó un fallo de la Corte Suprema costarricense que vetó el vertido en el parque nacional. Tras la prohibición judicial, dicho terreno quedó en el olvido durante más de un decenio, hasta el regreso del investigador Timothy Treuer para examinar el resultado del experimento.
¿Cómo transformaron 12.000 toneladas de cáscara de naranja un terreno árido en Costa Rica?
El estudiante de doctorado de la Universidad de Princeton, Timothy Treuer, junto a Jonathan Choi, inspeccionaron en 2013 un antiguo experimento botánico. La sorpresa fue total al hallar un ecosistema próspero en lugar del descampado original. "Estaba todo tan cubierto de árboles y enredaderas que ni siquiera podía ver el letrero de 2 metros de largo con letras amarillas brillantes que señalaba el lugar", relató el propio investigador en un comunicado oficial.

Posteriormente, los científicos ejecutaron un estudio comparativo mediante transectos de 100 metros en la zona intervenida frente a una parcela vecina desprovista de residuos orgánicos. El equipo evaluó el diámetro del arbolado, clasificó la diversidad vegetal y tomó muestras de tierra. Las conclusiones se publicaron en 2017 dentro de la revista especializada Restoration Ecology.
Las mediciones confirmaron un incremento del 176% en la biomasa aérea del sector recuperado, sumado a un suelo con mayor fertilidad y la expansión del dosel forestal. Dichos indicadores demostraron la efectividad de los desechos cítricos como un acelerador natural para la restauración ambiental de bosques degradados.
¿Por qué se depositaron residuos orgánicos y qué revela ese experimento de restauración?
La iniciativa inicial pretendía solucionar simultáneamente dos desafíos: gestionar desechos agroindustriales y agilizar la regeneración de suelos degradados. Bajo ese esquema, Daniel Janzen y Winnie Hallwachs propusieron que la empresa Del Oro cediera terrenos al Área de Conservación Guanacaste a cambio de verter cáscaras junto con pulpa de naranja en un sector deteriorado para su degradación natural. Los científicos planteaban que esa acumulación de materia vegetal enriquecería la tierra sin emplear fertilizantes sintéticos.
El triunfo de la prueba radicó en la acción conjunta de diversos fenómenos ecológicos. Por un lado, el denso manto de cáscaras erradicó las hierbas invasoras que bloqueaban el crecimiento de especies arbóreas nativas; por otro, el proceso de pudrición aportó nutrientes, incrementó el componente orgánico y optimizó la hidratación del terreno. "Este es uno de los pocos casos que conozco en los que se puede lograr la captura de carbono con un coste negativo", aseveró Timothy Treuer sobre el uso de este subproducto agrícola descartado.
A pesar de los hallazgos positivos, el equipo investigador aclara que los resultados no pueden extrapolarse arbitrariamente. El análisis se restringió a una parcela de unas tres hectáreas, sin comprobar que el vertido masivo de materia orgánica funcione igual en cualquier bioma. La experiencia respondió a factores climáticos, biológicos y de gestión sumamente particulares. Al respecto, David Wilcove, académico de la Universidad de Princeton, subrayó que el logro evidencia el valor de las alianzas entre corporaciones y ambientalistas para recuperar bosques tropicales, aunque exige una rigurosa evaluación previa antes de implementarse en otros contextos.
La vez que usaron pulpa de café para la reforestación tropical
El exitoso experimento con naranjas inspiró a los investigadores Rebecca Cole y Rakan Zahawi a replicar este método en Costa Rica durante el año 2018. Los científicos descargaron 30 camiones con desecho de fruta cafetalera sobre un pastizal degradado por la ganadería para analizar su impacto en la tierra. Los hallazgos, divulgados en 2021 por la revista Ecological Solutions and Evidence, confirmaron que este residuo orgánico aceleró de forma drástica la regeneración del suelo.
La zona tratada experimentó una transformación impactante al desarrollar un «bosque en tiempo récord» en apenas dos años, superando al terreno adyacente sin tratar. Los árboles nativos alcanzaron una altura cuatro veces superior y la capa de medio metro de biomasa ahogó a las malezas invasoras. Esta cobertura permitió que las semillas dispersadas por aves y corrientes de aire germinaran sin competencia vegetal.
Tales logros incentivaron a la comunidad científica internacional a estudiar la reforestación a gran escala mediante diversos restos frutales de la industria alimentaria. Actualmente, se evalúa el potencial del cisco, la cáscara de cacao, los subproductos de la palma aceitera y del marañón en suelos desgastados. Estas alternativas prometen mejorar la retención de humedad y restaurar la fertilidad en distintas regiones tropicales.
¿Cómo surgió la técnica mexicana con cáscaras de naranja que recuperó el suelo degradado en Costa Rica?
En 1997, un innovador experimento en Costa Rica demostró el potencial de los residuos cítricos para la restauración ecológica. Miles de toneladas de restos agrícolas cubrieron una superficie erosionada, lo cual enriqueció la tierra con materia orgánica, protegió el terreno contra la erosión y conservó la humedad necesaria para el desarrollo de microorganismos recicladores de nutrientes.
Dieciséis años después del despliegue, los investigadores documentaron la transformación radical de aquel páramo en un bosque exuberante. Este hallazgo reavivó el interés de la comunidad científica internacional y de países como México, nación que genera millones de toneladas anuales de desperdicios del sector agroalimentario aptos para su aprovechamiento sustentable.
A casi tres décadas de su inicio, la experiencia costarricense representa una referencia fundamental de economía circular enfocada en el rescate de ecosistemas y la reducción de basura en vertederos. De acuerdo con las evaluaciones del proyecto, este material biológico pasó de figurar como un “desecho de la industria alimentaria” a constituir un “poderoso aliado” en la regeneración ambiental.
Fuente: larepublica.pe