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Durante años, las fibras naturales en el Perú estuvieron asociadas a la playa, el verano o la artesanía utilitaria. Para la diseñadora peruana Bertha Cabrera, sin embargo, siempre hubo algo más detrás de estos materiales. Hace casi una década fundó Galera con un objetivo claro: revalorar las fibras naturales y demostrar que podían convertirse en piezas de diseño contemporáneo y de lujo sostenible hechas en la industria de la moda del Perú.
La historia de la marca nació, en realidad, de una búsqueda personal. Antes de dedicarse al diseño, Cabrera transitó por el derecho, el diseño de interiores e incluso el ‘coaching’ y la programación neurolingüística. Fue en ese proceso de cuestionamiento y reinvención cuando entendió que quería construir algo con propósito. “Siempre me habían encantado las carteras de alta gama y me preguntaba qué le faltaba al Perú para lograr lo mismo”, recuerda. Inicialmente, imaginó una marca de accesorios en cuero, pero todo cambió cuando decidió experimentar con el junco, fibra que hasta entonces asociaba únicamente a bolsos de playa.

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INVESTIGACIÓN PROFUNDA
Ese primer acercamiento terminó convirtiéndose en una investigación a fondo sobre las fibras naturales y las comunidades que trabajan con ellas. Cabrera comenzó a visitar humedales, conversar con extractores y entender el comportamiento de materiales que, según explica, “siguen vivos” incluso después de ser transformados. El junco, por ejemplo, absorbe humedad y requiere cuidados especiales, algo que llevó a Galera a desarrollar un sistema de mantenimiento posventa para preservar sus piezas a lo largo del tiempo.
Con el paso de los años, la marca amplió su universo creativo y hoy trabaja con fibras como la toquilla, la palma de macora, la chambira, el aguaje y el mimbre. Además, investiga el uso del agave maguey, empleado ancestralmente en la técnica de la shicra. Cada material implica una exploración distinta: la toquilla se usa principalmente en comunidades de Piura; la palma de macora tiene fuerte presencia en Lambayeque; mientras que la chambira y el aguaje provienen de comunidades amazónicas en Loreto.

Actualmente, Galera trabaja con comunidades de Piura, Lambayeque, Huacho, Chincha y la Amazonía peruana, desarrollando piezas en conjunto con artesanas y tejedores especializados. “Esto es una cocreación. Nosotros llevamos el diseño, pero necesitamos el ‘expertise’ de sus manos tejedoras; nos nutrimos como equipo”, precisa Cabrera. Parte de su labor también ha consistido en educar tanto a consumidores como a productores sobre el valor del diseño, la autoría y la preservación de estas técnicas tradicionales.
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LEGADO PROTEGIDO
Esa apuesta por elevar la fibra natural ha transformado también la percepción del mercado. Cuando Galera comenzó, recuerda Cabrera, prácticamente no existían marcas peruanas enfocadas en accesorios de diseño hechos con fibras naturales. Hoy el panorama es distinto y el crecimiento del sector confirma que existe un nuevo interés por estos materiales ancestrales reinterpretados desde una mirada contemporánea.

El siguiente paso para la marca está fuera del país. Luego de abrir mercado en ciudades como Miami, Barcelona, Ámsterdam y Copenhague, Galera prepara su participación en la feria COTERIE New York este setiembre, una de las vitrinas comerciales más importantes de la industria. Para Cabrera, el objetivo trasciende la exportación: “Queremos mostrar que en el Perú, además de tener materia prima, también podemos trabajar con un diseño competitivo y original”. Una misión que, casi diez años después, sigue redefiniendo el lugar de la artesanía peruana en el mundo de la moda contemporánea. //
Fuente: elcomercio.pe