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Lo más difícil no fue hacer flotar el escenario, sino lograr que su geometría acompañara un concepto. El primer escenario del Muyuna Fest fue rectangular y recordaba a las casas palafíticas de Belén; el segundo tomó forma circular, inspirado en los remolinos del agua y la cosmovisión cucama que evoca el nombre mismo del festival. Este año, en cambio, la estructura apareció como una enorme equis flotante rodeada por un bosque de troncos desnudos, concebida para evocar las cicatrices que dejó el genocidio del caucho y, al mismo tiempo, convertirse en un punto de encuentro para las comunidades amazónicas.
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“El escenario ya cobró otro sentido; es un símbolo que supera todo diseño que intenta representarlo”, explica la arquitecta y miembro del colectivo Espacio Común, Paula Villar Pastor. La estructura ocupó aproximadamente 22 metros cuadrados y exigió levantar una compleja grilla ortogonal sobre el agua. Vista desde arriba, la forma de la equis se vuelve evidente; desde abajo, el escenario parece un bosque suspendido que deja pasar la luz y el viento entre las aberturas de una pared de hojas ubicada bajo la plataforma. La propuesta de los arquitectos fue elaborada junto a artistas, trabajadores sociales y vecinos de Belén, quienes trabajaron únicamente con materiales locales: topas flotantes, madera rolliza, alambre hecho con la planta tamishi y restos recogidos de aserraderos y chacras.
“Lo que intentamos plantear fue un bosque de palos que representara el vacío que dejó este periodo tan violento en la Amazonía. Pero, al mismo tiempo, queríamos que, desde ese bosque, se apreciaran la unión y la alegría en el barrio de Belén”, señala el arquitecto Daniel Canchan Zúñiga, quien, junto al equipo detrás del diseño del escenario, consiguió renombre internacional. El escenario del año pasado ganó el premio de Arquitectura Sin Fronteras, fue elegido Obra del Año por ArchDaily en español y quedó finalista en la Casa de la Arquitectura de España. Sin embargo, en Belén el verdadero valor de estas estructuras aparece después de las proyecciones, cuando las plataformas terminan convertidas en aulas abiertas, plazas flotantes o puentes improvisados para atravesar el barro cuando el río retrocede.

Veterano en acción
Aunque sus manos fueron adiestradas para el fusil, el excabo de la infantería de Marina, Segundo Salinas Torres, hoy prefiere usarlas para construir las bases del Muyuna Fest. Por unos meses de cada año, Salinas es más pez que hombre y menos pescador que constructor. Durante la primera edición empezó con seis colegas que acabaron siendo cuatro. Para la segunda, la experiencia permitió conseguir un trabajo más preciso y detallado. En esta nueva edición, una de las más desafiantes de su carrera, contó con andamios de madera sumergida —también llamados “aquamios”— que aliviaron el trabajo de amarrar la topa con soguilla para luego colocar encima las maderas de la plataforma central. “¿Quién dice que perro viejo no aprende truco nuevo?”, dice mirando al río.

Esta vez fueron once los constructores que trabajaron diez días seguidos para levantar, sobre el agua de Belén, un escenario en forma de equis rodeado por un bosque hecho de madera de tipichirina. Segundo Salinas Torres, que aprendió a construir casas a los catorce años, asegura que usó técnicas anteriores a la llegada del clavo, donde solo bastaban soguillas y fuerza para levantar estructuras, pues en Belén se aprecia más el trabajo con materiales locales que ese puente distante hecho de cemento y fierro.
Así levantaron las plataformas: clavando palos dos metros bajo el agua, tensando sogas desde botes que no dejaban de moverse y amarrando topas sobre las que luego descansaría el entablado. Este año, además, por primera vez dos mujeres, Dorliza y Marlene Gonzales López, ingresaron al grupo de constructores. Entre todos fueron armando, pieza por pieza, aquella estructura improbable que durante unos días convirtió el agua en plaza y al barrio entero en un cine flotante.

Una nueva edición
Al caer la noche, las canoas comenzaron a llegar frente al escenario flotante de Belén. Algunas trasladaban familias enteras y otras funcionaban como pequeños puestos ambulantes desde donde se vendían canchita, bebidas y hasta la cena completa. La nueva edición del Muyuna Fest abrió con números de canto y danza y, este año, sumó la colaboración internacional de ClimateCulture, organización británica especializada en cine climático.
La programación reunió a representantes indígenas, artistas y realizadores de distintos países amazónicos, entre ellos Ecuador, Brasil y Perú, quienes participaron en conversatorios, proyecciones y encuentros públicos sobre memoria, territorio y defensa ambiental. También se realizaron talleres comunitarios y actividades formativas para niños y jóvenes, una de las líneas de trabajo que el festival mantiene desde sus primeras ediciones. El cierre volvió a tener como protagonistas a Los Wemblers, que ofrecieron un concierto para concluir las proyecciones, aunque no el trabajo del Muyuna. Cuando el festival termine y el nivel del agua empiece a descender, la estructura será desmontada para convertirse en un parque comunitario a finales de agosto. Así, el escenario dejará de ser una instalación temporal para integrarse de manera permanente a la vida cotidiana de Belén.

Fuente: elcomercio.pe