¿Un gobierno sin caviares?, por Rosa María Palacios

El diario Correo, perteneciente al Grupo El Comercio, pregunta a sus lectores en la red social X: "¿Cree usted que el primer gabinete de Keiko Fujimori debe ser de ancha base, pero excluyendo a los caviares?". La pregunta no la hace Vladimir Cerrón ni Rafael López Aliaga, grandes perdedores de primera vuelta y enemigos declarados de esa fantasía llamada "caviar". La hace, como propuesta pública a la nueva presidenta, un diario que se presenta como un medio de derecha.

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Dejando de lado lo ridícula que tal pregunta puede ser (Sí tiene 66% y No, 34%), esta revela algunas cosas interesantes de las narrativas de esta campaña. La primera es que los "caviares" han sido vencidos. Aparentemente, siempre han gobernado y no lo harán más. ¿Quiénes son estos caviares? Les recomiendo la lectura del ensayo de Eduardo Dargent, 'Caviar, del pituco de izquierda al multiverso progre' (Lima, 2025), para tratar de encontrar una definición. En teoría, el caviar era originalmente un militante de izquierda, estatista, mercantilista y parásito del Estado, que tenía gustos caros y se daba una buena vida a costa de nuestros impuestos. En la práctica, el concepto incluye a los primeros, pero se expande hasta la derecha liberal, a quienes no trabajan para el Estado ni quieren hacerlo y a todos los que defienden el Estado de derecho, denunciando la corrupción en el poder y todos los atropellos a los derechos fundamentales. Es decir, quienes combaten proyectos políticos mercantilistas y autoritarios.

Lo interesante de este concepto de "caviares vencidos" es mirar cómo se organiza el Congreso electo usando esa ambigua categoría. Los seis partidos vencedores no dejan mucha duda. Cuatro partidos son caviares y dos no lo son o han usado el término para insultar. JPP, Ahora Nación, Obras y Buen Gobierno son recontra caviares para quienes usan la categoría. Fuerza Popular y Renovación, por oposición, son la Derecha Bruta y Achorada (DBA). Parece que los "caviares" fueron más populares entre los electores, pese a todos los insultos.

Por eso, tal vez la noticia más importante de esta semana es la de la alianza parlamentaria, anunciada por Roberto Sánchez, con Ricardo Belmont (candidato a la Municipalidad de Lima) y Alfonso López Chau (senador electo). El anuncio se realizó este jueves luego de la entrega de credenciales a los senadores electos. La noticia es aún confusa porque el senador por Obras, Daniel Barragán, en la ceremonia de entrega de credenciales, unas horas antes, señaló que la alianza con JPP solo había sido electoral. Sin embargo, Belmont, si quiere darle fuerza a su candidatura, está obligado a usar la plataforma que tiene su partido para hacer lo que ha hecho siempre en política: ser un gran opositor. Así, al menos de aquí a octubre, la Alianza Caviar en el Congreso puede darle muchos problemas a Fujimori en materia de derogatorias. Los cuatro partidos suman 74 votos en diputados, lo que, si mantienen unidad y compromiso con sus ofertas de campaña, significaría la rápida aprobación de las derogatorias de las leyes procrimen y proimpunidad policial-militar, auspiciadas por Fuerza Popular y Renovación, los únicos sobrevivientes anticaviares de #PorEstosNo.

Cierto es que la Alianza Caviar en Diputados puede servir de poco, en materia legislativa, si todo puede ser modificado en el Senado. Pero aquí viene el factor López Aliaga. A estas alturas queda claro que Fernando Rospigliosi, sentenciado por delito de difamación, no estará sujeto a la prohibición del artículo 34 A de la Constitución porque fue condenado el 15 de abril, tres días después del acto electoral en el que resultó elegido. Es decir, ya no era "postulante", sino senador electo, y la prohibición es para la postulación, en una lectura muy literal, al cargo. Si esto es así, si el acto electoral es constitutivo de la calidad de "elegido" —es decir, el 12 de abril dejas de ser candidato para vencer o ser vencido—, entonces Rafael López Aliaga es senador desde esa fecha. La suerte de uno está atada a la suerte del otro. La pregunta "¿hasta cuándo eres candidato y desde cuándo eres senador?" se resolvió en la sentencia del TC del 2015 en el caso Falconi. El día de las elecciones, dejas de ser candidato.

Entonces, no cabe renuncia porque el mandato parlamentario es irrenunciable. Si López Aliaga ya es senador, antes de juramentar, ¿cómo podría vacar en el cargo? La vacancia del cargo de senador solo se da por muerte, incapacidad física o mental permanente, inhabilitación superior al periodo parlamentario o destitución por acusación constitucional o antejuicio político (artículo 20 del reglamento del Senado). En ningún otro caso puede asumir el accesitario; por lo tanto, si López Aliaga se niega a formalizar su cargo, la silla queda vacante. La silla vacía de López Aliaga, quien está litigando para ser candidato a primer regidor en la Municipalidad de Lima (con nulas posibilidades), puede ser asumida cuando él quiera. Por ahora es un "no incorporado". Pero, mientras no lo desee, la Alianza Caviar tiene 30 votos y la DBA, solo 29 en el Senado.

En el artículo 89 del Reglamento del Senado se establece que el presidente de la Mesa Directiva dirime en caso de empate. La gran pelea no será el control de la mesa de la Cámara de Diputados. Esa es más que seguro que la tendrá la oposición. Pero, en el Senado, con votaciones tan parejas, el voto dirimente, que rara vez se ha usado en un pleno, será la norma. Por eso, la negociación de la Mesa Directiva del Senado es clave para el gobierno. Presentarse a fin de julio con solo 29 votos frente a 30 es suicida. Salvo que ya estén de compras.

Aquí es donde el futuro gabinete de Keiko Fujimori puede, para tristeza del diario Correo, llenarse de caviares. Si la presidenta quiere al menos el control del Senado, tiene que ofrecer mucho a muchos. Para empezar, tiene que ofrecerle a López Aliaga la presidencia del Senado y a otros, sitios en el gabinete. De lo que ella esté dispuesta a ofrecer y el resto a recibir depende su inicio de gobierno. Su triunfo no le da para soberbias: ha ganado con las justas y la correlación de fuerzas en el Congreso la obliga a pactar. ¿Cuál será el precio? Eso no lo sabemos, pero como bien se sabe, "quien nada da, nada tiene" (Camus).

Solo unas líneas finales para compartir el luto de millones de venezolanos. Sobrecogidos por la magnitud de la tragedia, es la hora de dar la mano a la migración más grande que ha recibido el Perú en su historia. Todo esfuerzo es pequeño ante la inmensidad de la tarea. Han sido 27 años de chavismo y dos cataclismos, demasiado para un solo pueblo. El Perú, en medio de esta desgracia, debe restablecer relaciones diplomáticas con Venezuela para poder así ayudar, con representación diplomática in situ, a las enormes necesidades de información y canalización de auxilio inmediato. Toda América está sujeta al mismo riesgo de sismos. Prepararnos y ayudarnos entre todos es una tarea impostergable para la sobrevivencia mutua. Lo que ha pasado en La Guaira puede pasar, en un minuto, en cualquier punto de la costa del Perú. Aprendamos y corrijamos antes de la desgracia. ¡Fuerza, Venezuela!

Fuente: larepublica.pe

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