- ¿Por qué a los peruanos nos gusta tanto el Mundial y cómo explica la ciencia este deporte sentimental de sufrir y amar por un mes cada 4 años?
- Cinco libros para entender por qué el Mundial es el evento más grande en la historia del deporte y cómo se pueden comprar en el Perú
NUEVA YORK.— Siendo más de las 12 de la noche y en el día que se daría la inauguración del Mundial, las calles de Manhattan se encontraban afiebradas por hinchas del deporte. Pero no del fútbol, precisamente. Los Knicks acababan de vencer a los Spurs de manera agónica en las Finales de la NBA y una marea de camisetas naranjas y azules dominaba Times Square y sus alrededores. Casi como una excepción aparecían algunas camisetas de selecciones nacionales. Horas más tarde, los papeles se invertirían y Nueva York tendría un aroma más futbolero, aunque todavía lejos de una euforia digna de un Mundial.
Horas más tarde, ya cerca del mediodía, la inauguración del Mundial 2026, organizado por Estados Unidos, México y Canadá, estaba por comenzar. Y aunque Nueva York no albergaba el partido inaugural, la ciudad empezó a mostrar señales cada vez más evidentes de que la Copa del Mundo ya había llegado.
No son las multitudes las que llaman la atención, sino los detalles. En cada cuadra aparece alguien con la camiseta de su selección. Algunos viajaron para seguir a su equipo en la Copa del Mundo, otros son inmigrantes que encontraron en Estados Unidos un nuevo hogar y otros nacieron aquí, pero mantienen intacta la conexión con el país de origen de sus familias y lucen con orgullo los colores heredados.
Uno de los grupos más representativos en estas primeras horas fue el mexicano. La selección anfitriona arrancó el torneo con una victoria por 2-0 sobre Sudáfrica y la respuesta de sus aficionados no tardó en sentirse. Cerca de Times Square, un restaurante tricolor reunió a decenas de seguidores que siguieron el partido entre cánticos, nervios y celebraciones. Casi 90 personas por piso ocuparon un edificio de tres plantas para alentar a un equipo que, hasta hace apenas unas semanas, era objeto de críticas y cuestionamientos por parte de buena parte de su propia afición.
Entre los asistentes había mexicanos que viajaron para seguir a su selección, pero también muchos chicanos: estadounidenses de ascendencia mexicana que conservan una fuerte identificación con el país de origen de sus familias. Para ellos, el Mundial también representa una oportunidad para reafirmar una identidad que combina dos culturas y dos formas de entender la pertenencia.

A varias cuadras de distancia, otro símbolo mundialista aparecía una y otra vez entre la multitud: las tradicionales faldas escocesas. No estaban agrupados ni organizaban grandes reuniones, pero los aficionados de Escocia eran fácilmente reconocibles mientras recorrían Manhattan. Bastaba caminar unas cuantas cuadras para cruzarse con alguno de ellos.
En esta parte de Nueva York, donde la comunidad latina tiene una presencia enorme, las camisetas que más se repiten en el arranque del Mundial son las de Colombia, Brasil y México. Del lado europeo, las de Escocia destacan por encima del resto. El fenómeno responde tanto a los aficionados que llegaron desde el extranjero como a las numerosas comunidades migrantes que viven en la ciudad y aprovechan la Copa del Mundo para exhibir con orgullo sus raíces.
Es apenas el inicio del torneo, pero la ciudad ya comenzó a vestirse de fútbol. Y, conforme avancen los días y lleguen más aficionados, la sensación es que el Mundial irá ganando cada vez más espacio entre los rascacielos de Manhattan. Por ahora, la Copa se deja ver en pequeños detalles: una camiseta en el metro, una bandera en una esquina o una conversación en distintos idiomas. Señales suficientes para entender que el torneo más importante del planeta ya vibra en Nueva York.
Fuente: elcomercio.pe