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Con los ojos llenos de lágrimas despiden a la Virgen del Carmen en Barrios Altos. La Alcaldesa Perpetua de Lima y Patrona del Criollismo se guardó hasta el próximo año en el Monasterio de Carmelitas Descalzas, en la esquina del jirón Huánuco y el jirón Junín. La Segunda Cuadrilla de la Hermandad de la Santísima Virgen del Carmen estuvo a cargo de la organización del Homenaje de Guardada 2026 y nos invitó a esta celebración en las calles más criollas y picantes de Lima.

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Las pistas se vistieron de alfombras coloridas; la guitarra y el cajón acompañaron la fe de los vecinos en cada paso. La noche del 29 de julio, el mismo día de la Gran Parada Militar, el fervor de las Fiestas Patrias se unió a los cantos de los devotos ante una de las advocaciones marianas más veneradas del país. Con un hábito café, cubierta por un manto finamente bordado con hilos dorados, cargando al Niño Jesús, y con una corona y escapularios, ‘la trigueña’ —como también se le llama— era llevada por los hermanos de las cuadrillas que conforman la hermandad.

Todo está organizado milimétricamente. Cada cuadrilla —de 20 en total— tiene una distancia establecida previamente para cargar a la Virgen. Pasan por las puertas de las viviendas y se detienen ante los homenajes con globos, carteles, cuadros e imágenes de la Virgen y Jesús. Mientras tanto, las sahumadoras perfuman su recorrido y las cantoras elevan sus voces en su honor: “Mi Señora Carmelita / Virgen trigueña y bonita / se pasea por el Carmen / se festeja por el Prado / por la huerta y el Cercado se ve / y hasta por las barranquitas”, entonan la letra de “La Carmelitana”, una de las canciones más populares en honor a la Virgen, así como el vals “Se va la paloma” del poeta y compositor César Miró.
Hermandad familiar
Dirigida por un capataz general, la Segunda Cuadrilla recibe a la Virgen del Carmen en la cuadra 11 del Jr. Junín, bajo un pórtico lleno de arreglos florales. Sus integrantes son responsables de la guardada y la cargarán a lo largo de 150 metros hasta ingresarla al monasterio. Román Laura, al frente del grupo, indica los movimientos durante el recorrido. Son más de dos toneladas y un mal paso puede provocar la caída de la imagen. El capataz los dirige para que vaya lo más derecha posible, toca la campana y señala los giros, con la ayuda de un subcapataz de cuadrilla en la parte de atrás. También deben distribuir el peso de manera uniforme entre los 24 cargadores apoyados por los auxiliares. “La preparación ha sido muy ardua; todos los hermanos estamos contentos con el resultado, así como las madres. Han sido meses de preparación. Es emocionante”, nos dice Román Laura.

La tradición es fuerte. Familias enteras participan vistiendo el hábito. “La hermandad del Carmen es muy familiar, por eso dicen que es una hermandad de barrio. Abuelos, papás, hijos, nietos, bisnietos, todos forman parte de una tradición. Tenemos hermanos que vienen por generaciones”, comenta Laura. También nos cuenta que llega gente de otros distritos, incluso de provincias y el extranjero.

Los vecinos de Barrios Altos la siguen con velas en las manos. Mujeres, hombres, niños y niñas bailan junto a los conjuntos criollos ubicados en distintas cuadras. Algunos fieles le agradecen sus milagros; otros, con los ojos cerrados, le piden por su salud y la de sus familias. Los más pequeños son acercados a la Virgen como gesto de fe. Las vianderas ofrecen los clásicos anticuchos con papitas. Toda la noche huele a sahumerio y a la pólvora de los cohetes. “Barrios Altos se constituye en la cuna, en la génesis de la devoción en Lima”, destaca Guillermo Urmeneta, miembro de la hermandad, quien además es músico, comunicador y ha aportado a la producción de la Guardada 2026, un evento que cada cuadrilla tiene el honor de realizar cada 10 años.

Para estar a la altura de esta fecha especial, convocaron a más de 30 cajoneros dedicados a festejar a la Virgen. También se entonó el himno especialmente creado para esta noche. Por fin, la Segunda Cuadrilla la devuelve a las Madres Carmelitas Descalzas que residen en el claustro sin dejarse ver. La reciben sobre las 2 de la madrugada del día siguiente, bajo el espectáculo interminable de los cohetes. Lista para el ingreso al atrio, se despide de sus fieles con los ritmos criollos y afroperuanos de Cosa Nuestra de Tito Manrique. Con un repertorio carmelitano, traspasa las rejas que la separan de la calle y se dirige al monasterio para descansar hasta el próximo año. Los devotos regresan a sus casas, otros continúan la jarana. //
Fuente: elcomercio.pe