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La inauguración del primer Scala Gigante, aquel miércoles 5 de julio de 1967, marcó un hito importante en la modernización del retail en la capital peruana.
Al abrir sus puertas en la intersección de las avenidas Alfonso Ugarte y Venezuela, entre Breña y Cercado de Lima, el establecimiento se consolidó como el centro comercial más grande y avanzado del país, transformando la experiencia de los limeños mediante un modelo de autoservicio inédito en la ciudad.
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La ceremonia de apertura contó con la presencia del entonces alcalde de Lima, Luis Bedoya Reyes, el Edecán del presidente de la República (Fernando Belaúnde Terry), el Mayor FAP Cesar Cútulo, los alcaldes de Lima y Breña, así como los representantes de los principales círculos comerciales e industriales de la ciudad.


El momento religioso estuvo cargo del Canciller del Arzobispado de Lima, R.P. Emilio Koury, quien bendijo el local. Luego, tomó la palabra el presidente del Directorio y director gerente de Scala Gigante, Salvador Majluf.
El impacto de este centro no solo radicó en sus dimensiones, sino también en su filosofía operativa. Scala Gigante, dijo Majluf, se presentaba como una respuesta a la necesidad de optimizar los costos de comercialización y, por lo tanto, reducir los precios finales para el consumidor peruano.
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SCALA GIGANTE: INNOVACIÓN TÉCNICA Y AUTOSERVICIO
El establecimiento, producto nacido netamente del esfuerzo nacional, fue diseñado bajo los lineamientos técnicos más modernos de la época. Su arquitectura interior permitía un desplazamiento fluido del público, el cual podía seleccionar directamente los artículos que necesitaba.
Este sistema de autoservicio representó una ruptura total con las prácticas tradicionales de venta en Lima. La eficiencia era el eje rector de la tienda, desde la disposición de las góndolas hasta la gestión automatizada de su inventario.

El corazón del sistema era un computador electrónico NCR 315, cuya adquisición supuso una inversión de 15 millones de soles. Esta máquina procesaba la información capturada por las cajas registradoras en tiempo récord.
Gracias a este llamado “cerebro electrónico”, los administradores podían obtener reportes instantáneos sobre ventas unitarias, secciones de mayor éxito, niveles de stock y ganancias. La tecnología permitía al negocio conocer con precisión qué productos tenían mayor demanda.
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Aquel 5 de julio de 1967, desde las 7 de la noche, mientras el alcalde Bedoya cortaba la cinta, los limeños empezaban a entender que el comercio minorista no volvería a ser el mismo. La modernidad había llegado al cruce de las avenidas Alfonso Ugarte y Venezuela.
La tienda ofrecía productos y una experiencia integral. Fue concebida como un pilar de la inversión privada en el desarrollo económico del país que, por entonces, crecía aceleradamente.


SCALA GIGANTE: UN HITO EN LA HISTORIA URBANA
La construcción de Scala Gigante, con un costo de 60 millones de soles fue, en sí misma, una obra de gran envergadura. Esa noche, el alcalde Bedoya, señaló que se trataba de una obra que el Estado por sí solo no habría podido concretar, destacando la iniciativa privada, cuyo impulso era necesario para cubrir las necesidades crecientes de la población.
La magnitud del proyecto garantizaba, además, medios de vida para cientos de trabajadores (unas 500 familias). La tienda se convirtió en un punto de venta excepcional desde el día siguiente, el jueves 6 de julio, a las 8 de la mañana, cuando el público empezó a acceder a una oferta comercial inédita.
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Los anaqueles, perfectamente organizados, exhibían artículos con descuentos de hasta el 30%. La limpieza y el orden se convirtieron en las marcas registradas de este nuevo “Gigante”. La tienda se convirtió rápidamente en un punto de referencia para los habitantes de Lima, atrayendo a miles de curiosos durante sus primeros días de operación.
La prensa limeña enfatizó el carácter tecnológico de la gestión del supermercado. Se trataba, en esencia, de una vitrina de la modernización industrial que el sector privado buscaba promover.

SCALA GIGANTE: EL NUEVO PARADIGMA COMERCIAL
La inauguración de Scala Gigante ocurría en un contexto económico complejo para el país. Sin embargo, la apertura fue vista como un voto de confianza en la capacidad de consumo de los limeños.
El sistema de la tienda permitía, además, la sustitución de importaciones de manera más eficiente, al priorizar la producción nacional en sus estantes. Esto alineaba al negocio con las aspiraciones de la Sociedad Nacional de Industrias.
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La eficiencia no era solo administrativa; también se reflejaba en la infraestructura del estacionamiento. Se había planificado el espacio necesario para que los clientes pudieran acudir con total comodidad.
En la memoria de quienes acudieron aquellos primeros días de julio de 1967 quedó grabada la impresión de haber visitado el futuro. El legado de aquel proyecto perduró durante años como un modelo de gestión exitosa. La tienda demostró que el autoservicio y la tecnología podían coexistir con un servicio cercano y eficiente.

SCALA GIGANTE: EL IMPACTO EN EL CONSUMIDOR
Scala Gigante fue, sin duda, la punta de lanza del sector comercial en aquel entonces. Su inauguración fue un evento que trascendió la simple apertura de una tienda, y esto debido a la perfecta ubicación del local elegido.
Era una esquina con futuro, el cruce de las avenidas Alfonso Ugarte y Venezuela, sin duda, una intersección estratégica para captar el tráfico de personas entre el centro y los “distritos emergentes”. La visibilidad del local no podía ser la mejor.
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Con el paso de los años, Scala Gigante se consolidó como un nombre familiar para los limeños. Aquel edificio imponente se mantuvo como testigo de la evolución comercial de la capital. El impacto fue tan profundo que otros empresarios emularon el modelo en otras zonas de Lima. La competencia por ofrecer precios bajos y mejor calidad se intensificó.
El espíritu innovador que fijó la apertura de 1967 sentó las bases para el retail moderno en el Perú. La apuesta por la tecnología y eficiencia demostró ser la estrategia correcta.
SCALA GIGANTE: UN RECUERDO QUE PERSISTE
La memoria de aquel 5 de julio de 1967 sigue presente en la generación de los “baby boomers”. Esa noche, bajo las luces de la avenida Alfonso Ugarte, Lima cambió para siempre.

Aquel “Gigante” del retail peruano de los años 60 demostró que el país podía ponerse a la altura de los numerosos sistemas comerciales internacionales de la época.
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¿Y por qué se eligió al distrito de Breña para este primer Scala Gigante? El director gerente, Salvador Majluf, dijo que esa la elección no había sido casual, al ser el distrito más densamente poblado de la capital en esos años.
Contar con una mayoría de clase media, representaba el público ideal para los novedosos beneficios del autoservicio y la eficiencia comercial de ese monstruo del comercio minorista, acotó.
Los años han pasado, pero aquel hito comercial es recordado por la generación del 60 como el momento en que las compras dejaron de ser un trámite diario para convertirse en lo que es usual decir ahora: toda una experiencia.
Fuente: elcomercio.pe