En su obra Meditaciones, Marco Aurelio, emperador romano y filósofo estoico, sostuvo que las sociedades funcionan como un organismo vivo. Los seres humanos somos como partes de un solo cuerpo, y por lo tanto, lo que ocurra con un individuo afectará tarde o temprano a todos. En tal sentido, tratar a los demás con respeto y consideración no es caridad ni se basa en el afecto, sino en la razón. Esto lo decía un filósofo pragmático que tuvo que administrar un imperio y lidiar con guerras, traiciones y desorden.
Vivimos en un país donde la prepotencia y el desinterés por las consecuencias de nuestra conducta son cosa de todos los días. Se ve cuando hacemos colas, cuando echamos basura en cualquier lugar, producimos ruidos y, sin duda, en el tráfico, al meter el carro, bloquear al peatón, estacionar en segunda fila, tocar el claxon.
Culpamos de ello a la falta de educación vial, a la deficiente señalización, a los huecos, a que las licencias de conducir se entregan a cualquiera; atribuimos la suciedad a la escasez de baños, a la falta de basureros, y brilla la ausencia de sanción. Todo lo anterior es cierto, pero incluso subsanándolo, mientras nos siga importando poco o nada el impacto que causamos en los demás, la situación no mejorará mucho. En sociedades más avanzadas la convivencia se hace posible no gracias a educación vial o reglas o sanciones, como solemos pensar, sino sobre todo al sentido de comunidad y respeto mutuo.
La pregunta de fondo es cómo se inculca el respeto. Si nuestros niños reciben en sus hogares el ejemplo donde prima la prepotencia y el beneficio propio, es indudable que nada cambiará. Será difícil a estas alturas modificar la conducta de los padres; hay que preocuparnos entonces de que la juventud siga otros ejemplos y que entiendan por qué. Eso es educar en valores. Tengamos claro que no hay modelo económico que compense la falta de valores.
Es tarea del Estado y de la sociedad civil el formar nuevas generaciones donde el respeto a los demás, sin importar a quién, sea parte del ADN de los individuos. Solo así, nos dice la lógica, tendremos un cuerpo sano y duradero.
Fuente: elcomercio.pe