El proceso electoral llega a su fin y ya es posible extraer algunas conclusiones. Una de ellas es que Keiko Fujimori, virtual presidenta electa, ha sido elegida por el pueblo peruano con la menor ventaja jamás registrada en una segunda vuelta electoral en el país y una de las más estrechas de toda la región. A pocos días de que se oficialicen los resultados, los datos proporcionados por el politólogo argentino Ignacio Labaqui indican que la candidata de Fuerza Popular supera apenas por 0,22% a su rival, Roberto Sánchez.
El panorama no es sencillo para el fujimorismo. En su cuarto intento, Fuerza Popular logró alcanzar el Poder Ejecutivo, pero con cerca de la mitad del país aún opuesta a la propuesta política naranja. A ello se suma otro dato relevante: dentro del territorio nacional, la diferencia continúa favoreciendo a Roberto Sánchez. El candidato de Juntos por el Perú mantiene una ligera ventaja de 0,20% sobre Fujimori si se excluyen los votos emitidos en el extranjero.
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¿Qué significa para Keiko Fujimori ganar una elección por un margen tan reducido? Para Labaqui, esto implica que enfrentará un mandato con una legitimidad electoral limitada.
"No solo por haber ganado por un margen exiguo, sino también porque, a pesar de haber sido la candidata más votada en la primera vuelta, obtuvo solamente un 17% de los votos. Probablemente tenga una luna de miel corta. Sin embargo, dado que probablemente comenzará la gestión con expectativas bastante bajas por parte de la ciudadanía, si su gobierno supera esas expectativas, tiene una oportunidad de crecimiento".
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Un escenario recurrente en el Perú
El panorama peruano resulta particularmente preocupante. Las dos elecciones anteriores —2016 y 2021— también registraron márgenes de victoria extremadamente estrechos para los candidatos que finalmente llegaron a la Presidencia: Pedro Pablo Kuczynski y Pedro Castillo, respectivamente.
En ambos casos, la diferencia fue inferior al 0,3%. Kuczynski obtuvo la victoria con un margen de 0,24%, una cifra muy cercana a la actual diferencia entre Sánchez y Fujimori. Castillo, por su parte, fue proclamado presidente con una ventaja de 0,26% sobre la candidata fujimorista.
Si la disputa entre el fujimorismo y el antifujimorismo se ha convertido en una constante de las segundas vueltas peruanas, el respaldo a una u otra fuerza ha bastado para dividir prácticamente en dos al electorado.
¿Existe alguna relación entre el hecho de que las tres últimas elecciones presidenciales se hayan definido por márgenes tan estrechos y que esos tres periodos hayan estado marcados por crisis políticas y salidas anticipadas de presidentes? Labaqui considera que no. A su juicio, la principal explicación radica en el diseño institucional y en la configuración del Congreso.
"Todos los presidentes desde 2016 en adelante tuvieron un escudo legislativo bastante precario. El Congreso estuvo caracterizado por una fragmentación bastante elevada. Los presidentes de gobiernos minoritarios, si no logran ampliar su base de apoyo legislativo original y construir una coalición mayoritaria o, si no es posible, al menos una que los blinde frente a un impeachment —o una vacancia, en el caso peruano—, son muy propensos a tener dificultades para completar el mandato. No es un fenómeno exclusivo del Perú, sino de toda la región", señaló.
La situación en perspectiva
En toda Latinoamérica, solo la elección de Salvador Sánchez Cerén, en El Salvador, se resolvió por un margen igual. El antecesor de Nayib Bukele fue elegido en 2014 tras imponerse por 0,22% a Norman Quijano. Su gestión concluyó con altos niveles de desaprobación: cerca del 75% de los salvadoreños rechazaban su gobierno poco antes de que entregara el poder al actual presidente del país centroamericano.
Otro caso relevante en la región es el de Colombia. El país también atravesó un proceso electoral este 2026, que dio como ganador al ultraderechista Abelardo de la Espriella. El candidato del partido Defensores de la Patria derrotó a Iván Cepeda, representante del Pacto Histórico —agrupación liderada por el actual presidente, Gustavo Petro—, por una diferencia de apenas 0,96%.
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Debido a la cercanía temporal de ambos procesos electorales, resulta inevitable comparar la situación de Perú y Colombia. Para Labaqui, sin embargo, existen más diferencias que similitudes, empezando por el perfil de ambos candidatos vencedores.
"De la Espriella es un outsider; Keiko postula por cuarta vez a la Presidencia. El fujimorismo, aunque hayan transcurrido 26 años desde el fin del gobierno de Alberto Fujimori, sigue siendo una identidad política importante. En Colombia hubo polarización desde la primera vuelta; en Perú predominó la fragmentación", señaló.
También resulta relevante que tanto Cepeda como De la Espriella llegaron a la segunda vuelta con más del 40% de respaldo en la primera ronda. En contraste, ni Fujimori ni Sánchez alcanzaron el 20% de las preferencias nacionales y, aun así, avanzaron al balotaje.
"En la segunda vuelta sí hay similitudes: fueron elecciones altamente competitivas y con una elevada polarización ideológica. La distancia entre las propuestas de ambos candidatos era muy amplia. En ambos países, como viene ocurriendo en otras naciones de la región, el centro moderado tiene poco atractivo electoral y pierde espacio", concluyó Labaqui.
Fuente: larepublica.pe